Sexualidad

¿Por qué amar en tiempos maduros puede ser más placentero? Especialistas lo aclaran

En la madurez también se modifica la sexualidad de la pareja. “¡Si la juventud fue la época de la cantidad, con la madurez llega la calidad! Aseguran expertos.

Omar Segura/EFE

A medida que avanzamos en la tercera década de existencia, y acumulamos experiencias sentimentales de diverso signo y nos conocemos mejor a nosotros mismos, el modelo de relación amorosa de nuestra juventud, basado en los atractivos del cuerpo y una mayor vida social, va cediendo el paso a otro en el que predomina la sintonía interior con la persona amada. Bienvenidos al amor maduro.

Disfrutar de una sexualidad satisfactoria. Aceptarse mutuamente como amigos. Compartir algunas aficiones, gustos y momentos. Sentir que se crece y evoluciona intelectualmente con la otra persona. Mantener ciertos espacios personales propios sin caer en la simbiosis. Tratar con respeto y cordialidad a la familia del otro.

Son los ‘pilares de oro’ en que ha de sustentarse una pareja para ser armónica y feliz, para poder funcionar y expandirse. Son los ingredientes básicos de ese gran requisito clave que toda pareja necesita para funcionar bien: La compatibilidad entre ambos seres”, señala la psicóloga clínica Majendri Marqués, experta en relaciones de pareja y problemática sexual.

Sexualidad, acogimiento, afinidad, expansión, familia… Para que la relación vaya asentándose y madurando a medida que se van conociendo y se asientan sus miembros, hay que aprender a cultivar y desarrollar estos ingredientes amorosos”, señala la psicóloga.

“No obstante- según Marqués- “no hace falta que estos ingredientes básicos estén presentes al ciento por ciento en la pareja, ya que hay facetas que podemos compartir con otras personas, pero siempre han de estar vivos en cierta medida en nuestro vínculo amoroso, para que la relación sea sana, se consolide y prospere”.

“A medida que pasan los años y dejamos atrás los impulsos, urgencias e inexperiencias de nuestra juventud, en beneficio de unas mayores dosis de prudencia, paciencia y sentido común, a estos pilares de la pareja se agrega el requisito de tomar conciencia del impacto del paso del tiempo y de nuestra madurez en la forma de relacionarnos y amar”, señala Marqués.

Según la psicóloga “al superar la tercera década de existencia, nuestro aprendizaje emocional con parejas anteriores, las experiencias acumuladas y nuestra creciente madurez, nos invitan a mirar más allá de lo físico al acercarnos y conocer a esas otras personas que van llegando a nuestra vida, a veces acompañadas de una sutil e intuida promesa de convertirse en algo más”.

“La mediana edad es una etapa en la que nos aproximamos al posible amor con más sensatez y menos idealizaciones, lo cual es positivo porque nos permite ver al otro con más realismo”, explica. 

“Aunque en esa etapa madura de la vida- advierte Marqués- también nos acercamos a la gente con más defensas psicológicas y corazas emocionales, por temor al rechazo o que nos hagan daño, las cuales a veces impiden que nuestro corazón se abra y se entregue al otro, con tanta confianza y rapidez, como antes”. 

Con sensatez, sin desconfianza
No se trata de volver al candor y apasionamiento juvenil, ni de caer en la desconfianza o escepticismo que a veces enrancian las vidas y relaciones de muchas personas maduras. 

“Si queremos ampliar nuestras posibilidades de encontrar a “esa persona especial” y ser capaces de conocerla y reconocerla más allá de la primera impresión, hemos de procurar liberarnos de las corazas y defensas que nos cierran al otro y al mundo e intentar acercarnos a la vida y los demás, sin expectativas ni juicios previos, con confianza, la naturalidad y una actitud abierta”.

En la madurez también se modifica la sexualidad de la pareja. “¡Si la juventud fue la época de la cantidad, con la madurez llega la calidad! Las investigaciones y los expertos coinciden en que el sexo se disfruta y practica a lo largo de toda la vida, pero que el ‘buen sexo’ comienza en la madurez”, señala Lola M. Martínez, terapeuta experta en sexualidad tántrica. 

Según esta terapeuta transpersonal “la madurez puede ser la mejor etapa de la vida en la mujer y el hombre, para mantener una actividad amorosa plena y satisfactoria. Las mayores experiencia, sensación de intimidad, conocimiento del propio cuerpo y del ajeno, habilidad para negociar los problemas sexuales, son grandes aliados del disfrute compartido”.

Lola Martínez no niega que el paso de los años acarrea cambios fisiológicos y hormonales que pueden afectar el deseo y la respuesta sexual, pero señala que “el éxito y los buenos resultados “en las sábanas” dependen más del estado de salud general, buena compañía y actitud mental, que de las limitaciones que impone la edad al cuerpo”.

“En la adultez llega la menopausia a la mujer y la andropausia al hombre, pero estas caídas de los niveles hormonales que afectan la respuesta orgánica, no tienen porqué afectar la vida sexual y erótica, y para muchas parejas es uno de los periodos más felices en materia de armonía y pasión amorosa”, según Martínez.

Agrega que “en la quinta década de vida, una persona sana, sin enfermedades o impedimentos físicos severos, que alteren su líbido y funciones orgánicas, puede disfrutar de una calidad de vida sexual mejor que la que conoció en los años previos”. 

A partir de los 50 años de edad la mujer disfruta más sexualmente porque al desvincularse psicológica y emocionalmente de la asociación entre sexo y reproducción de su etapa fértil, puede vivir las relaciones sexuales con más libertad, volcándose sólo al placer recíproco, la expresión de cariño y ternura, y al deseo que siente por su amante”, dice la terapeuta.

“A partir de la quinta década de existencia –añade Martínez- el hombre también está más satisfecho porque pese a que disminuye la frecuencia de sus relaciones sexuales, a medida que cumple años éstas ganan en calidad: El hombre va conociendo mejor sus zonas erógenas, se permite cosas que no se permitía a los 20 o 30 años, y ha adquirido una ‘sabiduría’ sexual que le permite gozar más”.

 

En esta nota: